Su Aorta todavía vibra por el líquido que fluye precipitadamente.
Borbotea sin cesar tiñendo todo de rojo a su paso.
El aire se inunda de un olor metálico desagradable.
Tiembla, se retuerce.
El rojo baña su cara nublando la vista en una mueca de extremo dolor.
Se estremece y gruñe.
El aire, su sangre y su vida misma se le escapan sin poder hacer nada al respecto.
Araña el aire desesperado.
Drenado casi por completo, su flujo comienza a minar.
Su Aorta seca ha dejado de vibrar.
Mis dedos sintiendo su palpitar, se percatan de que sin sangre, su latido es inexistente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario