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lunes, 11 de octubre de 2010

Por Amor A Mis Viejos (Libros)


Crecí rodeada de libros: Una gran biblioteca en la sala de mi casa, otra en la finca, un gran salón repleto de libros en la casa de mis abuelos maternos, y otra en la de mi abuela paterna.
Siempre me fascinó la gran variedad de colores y tamaños... Y su abundancia.
Siempre hubo noches de cuentos leídos con voces teatrales y, claro, es algo que se lleva en la sangre. Ver leer siempre fue una constante en mi vida: Me sentaba largas horas a ver a mis abuelos leer periódicos y libros, siempre absortos en sus lecturas. Ahí comenzó mi curiosidad.
Luego, aprendí a leer por mí misma... Y aquí sigo, con conexión a Internet y a un sinfín de escritos virtuales, de los cuales disfruto y hago (este blog, por ejemplo) pero 18 años, a pesar de haber venido con cambios, me dejan en un punto intermedio, sin poder tomar un bando: Disfruto de la variedad, rapidez, disponibilidad e interactividad del mundo virtual, pero soy débil frente a las delicias del viejo lomo: Me encanta sentir las diferentes texturas de las pastas de los libros: lisas, rugosas, de cuero, pasta-dura, con inscripciones en laminilla de oro, con inscripciones en relieve; Con hojas amarillentas, blancas, con marca de agua, con papel Kimberly, con papel sencillo; De 200 u 800 páginas, en letra Arial, Times Roman o Lucida...
El olor de un libro nuevo, todavía con un dejo del penetrante olor del pegante industrial; Y el particular olor de un libro viejo, que me recuerda la biblioteca de mi abuelo, con tantos libros de mil texturas, tamaños y colores... De quien me acuerdo cada vez que abro un libro viejo, con su pecular polvillo, que ha sido guardado durante años, y cuyas hojas han envejecido, pero cuyas palabras jamás envejecerán. Él las disfrutó en su tiempo, yo lo he hecho y seguiré haciéndolo, y espero que alguien más lo haga en un futuro.
Un futuro en el que tal vez yo sea ya el particular polvillo de un libro viejo.

1 comentario:

  1. Tus cartas son un vino, tus letras son las pequeñas uvas que viven en la vid, y son tus piernas, libres y ligeras, las que sobre el tonel danzan extrayendo el néctar oscuro de los frutos del viñedo.
    Eres un libro, la verdad difícil de leer, un tomo de filosofía de divina procedencia con arreglos de existencialismo y algo de romance.
    Tienes un aroma especial, entre lo nuevo y lo antiguo, un perfume que viene de tu pelo escapándose entre tus cabellos como se escapa el agua entre las manos. Y es que enamoras por el viento, invitas a leerte, con la bienaventuranza de tu ser, llenas de vida, o de ganas de vivir.
    En buena hora, llegas a la biblioteca de mi vida...ahora, tengo un libro preferido que leer.

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