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jueves, 7 de octubre de 2010

Lo Siento, No Puedo Esperar: Entraré Por Urgencias

Quisiera poder posponer la Tristeza: Programarle una cita para un día cualquiera.

Un día lluvioso, un día que no haya que levantarse, que no sea importante para así poderle prestar la atención debida. Poderla dejar desahogarse libremente y hacer pataleta si así es su deseo. Pero no, siempre hay algo más urgente. Más urgente que la Tristeza. Más urgente que lo intrínseco que resultan las movidas del corazón.

Nadie lo nota. Nadie lo siente. A nadie le importa.

Pero cargo con la penosa etiqueta de “persona altamente emocional” que a ratos me traiciona. Y es que me es casi imposible ocultar mi dolor, mi tristeza, mi preocupación, mi descontento.

Y en los momentos más inoportunos, mi voz comienza a quebrarse… Sin darme tiempo a recomponerme, ya mis lágrimas ruedan por mis mejillas y el aire comienza a faltarme.

Y odio que me vean llorando. Detesto esa sensación de vulnerabilidad que produce ser visto entre lágrimas. Pero, a veces, me es imposible detenerme y respirar hondo.

Y no me queda más que llorar vertiginosamente hasta que el frenesí se ve aplacado por los minutos o incluso horas… No importa, a esas alturas poco me importa ya.

Y así termina una cita no programada. Una cita atendida en la unidad de Urgencias de un hospital con medicinas para todo, menos para la Tristeza.

Ella sale de allí como quien sale del despacho de un psicólogo que le ha escuchado su infinidad de quejas y dolencias, pero que no halla cura a sus males: “Vuelva en otros quince días” le dice él a la Tristeza (su paciente de hoy). “Pídale cita a mi secretaria con mínimo una semana de anticipación, así tendré tiempo de estudiar su caso”.

2 comentarios:

  1. Yo tambien tengo esa pequeña hija dentro de mi corazón y toma tantos medicamentos que en ocasiones busco en otro par de pastillas la manera de acabar con los problemas y termina disfrutando de un coctel de narcoticos suaves que adormilan y hacen sangrar.
    El doctor ya no quiere atenderme ni por urgencias siquiera, creo que en su gaveta no hay más espacio para este historial, pero eso la verdad no importa.
    Hay un lugar donde puedo seguir siendo yo, igualmente triste, igualmente comprometido con la alegria de los demás...con ese afan de verte sonreir y saber que estas bien...si, ese lugar que no quiero cambiar, donde sin duda, muy frecuentemente pienso en ti.
    El Amigochon

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  2. JAJAJAJAJAJAJAJA. Y eso que no te importa lo que diga/digamos. JAJAJAJAJA

    FAIL!
    Bravo Zel, bravo jajaja, un aplauso para tu ego, que es más grande que tu pequeña e inútil cabeza!

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