
Y ahí me encontraba yo, donde podía pasar todo el día con los pies descalzos, sintiendo el pasto cosquillear bajo mis pies.
Donde cada flor me parecía única y hermosa.
Donde cada día el cielo me parecía más azul.
Donde las nubes formaban divertidas formas para mí… Solo para mí.
Y podía pasar horas cantando para mí misma…
Y nunca, hasta ahora, tenía que volver a una realidad tan amarga, tan muerta.
Y tan mía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario