
Golpean incesantemente la ventana.
Toc… Toc… Toc…
Y sólo las veo resbalar por el cristal.
Del otro lado, el viento ruge y el granizo azota el tejado.
Y yo, sola y refugiada de la tempestad, veo la lluvia caer y caer…
He de confesar que, a veces, me pesa la soledad.
A veces, fastidia lo que usualmente me agrada.
Y, a veces, ni yo misma me soporto.
Pero las gotas que caen por el cristal distraen mi mente, y me olvidan por un momento del martirio de mi soledad…
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