
La llamaban Piel y era como la tarde
tan dorada como el sol sobre la miel
por su forma de decir, por si mirada
casi ingenua y procaz a la vez
La llamaban piel y ella lo sabía
lo sabía y explotaba su niñez
hasta que un día la tarde se lo dijo:
“Cuídate, cuídate, cuídate”
¿Qué será de aquella piel de miel?
¿Qué será de su mirada?
¿Qué será cuando el otoño cruel le madure y marchite su piel?
Pero un día seducida por el aire
de la mano de la noche se marchó
y su piel que antaño fuera piel de lujo
en rebajas de enero quedó…
Piel, Sergio y Estíbaliz
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