Ignorando todo e intentando no pensar.
Así había decidido vivir por un tiempo, al menos hasta que tuviera el tiempo suficiente para darle una solución definitiva y no vivir a punta de consolaciones infructuosas.
Tal vez era por cobardía más que por cualquier otro motivo.
La tierra, a lo lejos, no dejaba de retumbar por la tormenta que se avecinaba.
Las cosas no cambiaban. Daba igual si era por eso o por otra cosa. Seguían igual.
Ahora lo que mantenía ocupada, aunque fuera a la fuerza, mi cabeza, había acabado.
No tenía excusas ni lugar donde esconderme…
Los truenos cada vez se oían más cerca, más fuertes… Y ya comenzaba a lloviznar

No hay comentarios:
Publicar un comentario